Manuel Domingo y Sol



    Este cura con cara de bueno es el Beato Manuel Domingo y Sol, Fundador de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Corazón de Jesús a la que pertenezco.
     Mosén Sol nació en Tortosa en la primera mitad del siglo XIX, el 1 de abril de 1836, y, siendo cura joven, entendió que el trabajo con los jóvenes en la Iglesia era fundamental. Andando el tiempo, a través del encuentro con un joven seminarista, y por su amor entero a la Eucaristía, Mosén Sol recibió del Señor la inspiración para fundar la Hermandad.
     Somos sacerdotes diocesanos unidos para ser santos en el amor a Jesucristo en la Eucaristía con un objetivo común: el trabajo por las vocaciones en la Iglesia y de manera especial por las vocaciones sacerdotales.
     A Mosén Sol le confío el bien que puede hacer esta pequeña obra vocacional para bien de la Iglesia y de todos.


         José Ramón Romo Sánchez-Heredero
 


    Me llamo José Ramón Romo Sánchez-Heredero soy sacerdote de la diócesis de Toledo y pertenezco a la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos. Tengo 69 años y en este momento de mi vida he comenzado una etapa de más sosiego y serenidad. Vivo en Madrid y me encargado con otro compañero, Evencio, la capellanía del monasterio Corpus Christi de Monjas Jerónimas en la plaza Conde Miranda. Allí todos los días la adoración al Santísimo, la celebración del sacramento de la Reconciliación y de la Eucaristía son las tareas principales. Ya veis, ¡qué maravilla! Pero la misión clave es hacer HERMANDAD siempre y en todas partes. Ya he cumplido 44 años de sacerdote y he estado colaborando a lo largo de estos años con diversos proyectos de pastoral vocacional. Siempre he guardado el tesoro de la oración por las vocaciones.
    Este soporte electrónico me facilita comunicarme con quienes sienten que ayudar a la gente a ser feliz, la felicidad del amor que dice el Papa Francisco, en el plan de Dios nuestro Padre, es su misión en la vida. Esto es la pastoral vocacional, es urgente y prioritaria en la evangelización.

         Por último, un sello



 
    Por último, un sello: las tres manos nos identifican como sacerdotes diocesanos que nos unimos en grupos, para dar testimonio de fraternidad y trabajar por las vocaciones. Y en el centro la Eucaristía. Seguimos en ello las palabras del Beato Manuel Domingo y Sol: El origen de nuestro deseo por el bien y el fomento de las vocaciones eclesiásticas, de que Dios tengo muchos y buenos sacerdotes, ha nuestro instintivo amor a Jesús Sacramentado.