A mi puerta llamaste





    A mi puerta llamaste con la aurora.

Yo apenas pude oír,

pues vivía perdiendo hora tras hora

en soñar y reír.



Me llamaste mediada la mañana.

Más tampoco te oí

y persiguiendo una ilusión lejana,

la mañana perdí.



De nuevo me llamaste al mediodía.

si cantaba el amor

y el afán de triunfar y de alegría,

¿cómo abrirte, Señor?



Por la tarde repites tu llamada;

y yo empiezo a temer

que te canse mi puerta tan cerrada,

y no quieras volver…



Ahora, ya de noche, me has llamado;

al fin te dejo entrar,

y me dices, sentándote a mi lado:

            - Acabo de llegar….

José Julio Martínez