Espera en alerta





     Si el mar llega a tu puerta,

dale paso;

es plenitud de renovaciones,

azul de misteriosa savia,

espuma irisada en mil ondulaciones.

Ahogará, sí, mínimas posesiones,

barrerá miopes barreras,

asolará incrustados bastiones

y aclarará, purificados en sal,

tus ojos, hasta ahora torpones

y entre nieblas llorosos.

Puede corroer planos, mojones,

viejos o cuadros, escritos sueños

de pájaros y anunciaciones…

Y quedarás braceando, debatiéndote

con todos tus espolones.

Pero el mar alzado sobre tus rodillas

forjará en ti nuevas celebraciones.

    Si el sol a tu ventana llama,

ábrele de plano;

en consagración de rayos

contra letargos, brillarán

polvo, hongos, turbias sombras;

hasta tu desnudez y tiempo

gastado. Trasvasará colores,

mudará retratos en viejo aroma

guardados; romperá espirales

de pasado; y presentes serán,

llenos de aurora, versos y garabatos.

Quedarás inerme, irritado y gritando

Des-almado. Pero el sol en el alma

hará correr por tu sangre sus rayos.

    Si llega el viento a tu puerta,

desnúdate a su paso.

Es voz de muchos amores,

que convocan cada peldaño del piano,

árbol, mundo y pájaros huérfanos.

Limpiará tus escondrijos,

repasará tus rincones helados

y aromará tus ardores errados.

Quedarás, sí, temblando, en azogue,

Sin más nortes ni veletas

que la libertad de tu canto;

temblarán las rodillas, huesos

que silbarán trazando tus propios pasos.

Pero abrazado al aire, tu alma

descubrirá dónde resuena tu voz y canto.

    Si llega el fuego a tu casa,

dile que lo abrase todo.

Es corazón de Dios que vuelve

brasa cuanto con sus besos toca.

Te quemará los sueños,

hará cenizas tus carambolas,

te dolerá alma, ya sin ponzoña.

quedarás en llanto filoso,

con tu sangre en vilo, a solas.

Más quien convierta en llamas

hasta la espuma y rocas, puede

incendiar su cuerpo y pensamiento.

Y será voz, será fuego

capaz de abrasar otras bocas.

Pero ni mar, ni fuego,

ni sol, ni viento

podrán inundarte

sin invadir tu desierto.

Sólo tú tienes las llaves:

¡Arrójalas bien lejos!

Jesús Morera Carbó