MISTERIOS





   Alguien abre una puerta

y recibe el amor

en carne viva.


   Alguien dormido a ciegas,

a sordas, a sabiendas,

encuentra entre su sueño,

centelleante,

un signo rastreado en vano

en la vigilia.


   Entre desconocidas calles iba,

bajo cielos de luz inesperada.


   Miró, vio el mar

y tuvo a quién mostrarlo.


   Esperábamos algo:

y bajó la alegría,

como una escala prevenida.

Ida Vitale