¡Sembrad!





    Sin saber quien recoge, sembrad,

serenos, sin prisas,

las buenas palabras, acciones, sonrisas...

que se lleven la siembra las brisas.

    Con un gesto que ahuyenta el temor

abarcad la tierra,

en ella se encierra

la gran esperanza para el sembrador.

¡Abarcad la tierra!

    No os importe no ver germinar

el don de alegría;

sin melancolía

dejad al capricho del viento volar

la siembra de un día.

    Las espigas dobles romperán después.

Yo abriré la mano

para echar mi grano

como una armoniosa promesa de mies

en el surco humano.


Sor Cristina de la Cruz O.S.H.