Solidarios





    Mantener siempre atentos los oídos

al grito de dolor de los demás,

y escuchar la llamada de socorro, es solidaridad.

    Mantener siempre alerta la mirada

y los ojos rendidos sobre el mar,

en busca de algún naufrago en peligro, es solidaridad.

    Sentir como algo propio el sufrimiento

del hermano de aquí y del de allá,

hacer propia la angustia de los pobres, es

solidaridad.

    Dejarse transportar por un mensaje

cargado de esperanza, amor y paz,

hasta apretar la mano del hermano, es solidaridad.

    Convertirse uno mismo en mensajero

del abrazo sincero y fraternal

que unos pueblos envían a otros pueblos, es solidaridad.

     Compartir los peligros en la lucha

por vivir en justicia y libertad,

arriesgando en amor hasta la vida, es solidaridad.

    Entregar por amor hasta la vida

es la mayor prueba de amistad,

es vivir y morir por Jesucristo, es solidaridad.

 

LEÓNIDAS PROAÑO