Vente conmigo





    - ¡VEN, AQUÍ!

     - ¿POR QUÉ ME GRITAS?

     - AYER, TAMBIÉN, TE LLAMÉ.

    En el túnel angosto del oído

han crecido telarañas polvorientas.

Ni sé ya cómo canta la brisa

ni tampoco cómo ríen los grillos.

He perdido el eco de las cosas

y yo mismo habito en un ruido intenso.

    Recuerdo que hubo tiempos transparentes

que buscaba la música de los nombres

y me sentaba contigo junto al río

para escuchar el filo de las aguas

que chocaban entre canchales.

    Algunos gritos sí me llegan

a la ronda del corazón acorchado

y me duelen como duelen todos los gritos

y retumban en las paredes de mi cuarto

lleno de olvidos y vacío de luz.

    - VENTE CONMIGO.

     - ¿DÓNDE VIVES?

    No me oculto, pero sí me escondo

y es tarea del espíritu

saber por donde pasa corriendo

el Amigo que te requiere,

y donde tiene su asiento,

y donde espera tu saludo.

    Te reclamo para que mires hacia dentro,

tú, que andas enredado en las afueras.

    En la sorpresa de los niños que te miran,

soy la chispa que los mueve.

    En la entrega feliz de los enamorados

Soy la yedra abrazada y verde.

    En las lágrimas del pobre que se hunde,

soy el grito que lo sostiene.

    En el silencio de quien espera la paz que no llega

soy el aliento interior y rebelde.

    En la barca frágil golpeada por las olas

soy el timonel paciente.

    - SÍGUEME.

     - A DONDE DIGAS, IRÉ.

José Ramón Romo Sánchez Heredero          

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