Intención general, año 2006

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La mayoría vive en pequeñas comunidades muy diferentes de aquellas casas grandes y solitarias de los años 50 del siglo pasado. Pero viven en autenticidad, en entrega al Señor, despojados de muchas cosas que traen los siglos y que ahora no valen.

Desean ofrecer con autenticidad un sentido pleno y verdadero de la vida. Los jóvenes rechazan el ser manipulados y la invitación vocacional no se la podemos hacer pensando en nuestras necesidades sino en sus personas, y ofrecerles una vida plena y con sentido en  el seguimiento radical,

apasionado, de Cristo.

Quizá en el rescoldo de estas comunidades un día muchos jóvenes puedan encontrar el fuego que necesita su vida.

 

Este año 2006, os invito a todos a que

dediquemos nuestra oración vocacional de cada día por las MONJAS Y FRAILES DE LA CALLE. Les llamo así para distinguirles de las monjas y los monjes de los monasterios. Y, porque, en verdad, los encontramos por las calles de nuestro mundo. El metro y el autobús, el hospital, la residencia de ancianos y el colegio, el supermercado y la panadería, la universidad y las ONGs, los barrios y las iglesias, las fiestas y los bancos… Allá donde habita el ser humano llega de una u otra forma la monja o el fraile de la calle. Sobre todo, donde vive el pobre, necesitado y marginado.

Siempre ha habido y habrá críticas por su modo de actuar o de ser. Más críticas por su antitestimonio. Como cualquier cristiano ellas y ellos no son perfectos pero se esfuerzan como nosotros por seguir fielmente a Jesús. Han cambiado mucho las cosas después del Concilio para ellas y para ellos. En una sociedad culturalmente religiosa eran fácilmente reconocibles. Ahora no. Unos siguen vistiendo los hábitos, otros muchos los dejaron a un lado. Muchas veces nos encontramos con ellos y no los reconocemos porque no son amigos de privilegios.

 

 

 

Conozco a muchas comunidades religiosas de mujeres:

 

Las hermanas de Santo Ángel.

Las Franciscanas de la Madre

     del Divino Pastor.

Las hijas de la Caridad.

Las hermanas de la Caridad

     de santa Ana.

Las hermanas Paulinas.

Las hermanas del Ángel Custodio.

Las hermanas Teatinas.

Las hermanas Hospitalarias

     del Sagrado Corazón.

Las Teresianas de la Compañía

     de santa Teresa.

Las hermanas Terciarias Capuchinas.

Las hermanas Mercedarias.

Las hermanas Agustinas Misioneras.

Las hermanas Carmelitas Misioneras.

Las hermanas Claretianas.

Las Esclavas del Sagrado Corazón.

Y de hombres:

Los hermanos de san Juan de Dios

Los hermanos Maristas

Los hermanos de las Escuelas 

      Cristianas de La Salle

Los hermanos de Carlos de Foucauld

Los hermanos de la Cruz Blanca.

Hay muchísimas más. Quizá conozcáis a otros muchos. Lo que sí es verdad, que no he mencionado a los religiosos sacerdotes. Son numerosos y muy conocidos. A ellos dedicaré un año nuestra oración vocacional.

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