Abril 2019




NIÑOS DE ESCUELA

Jóvenes estudiantes congoleños observan durante un curso
para educarlos sobre el aspecto de las minas sin explotar
en Shabunda, al este de la RDC.
(John Wessels AFP, 22 de marzo, 2019)


   Me llama la atención con mucha fuerza la actitud corporal de esos niños y niñas y sus miradas (no todos ni todas las miradas): máxima atención en la fijación de sus ojos como quien no quiere que se la pase ningún detalle. Es natural, se les habla de minas que pueden conllevar heridas o muerte. Y sus actitudes corporales, que verdaderamente no tienen ningún rasgo de miedo o temor: Allí puede haber minas pero las voy a esquivar.

   Los brazos cruzados o las manos en la cadera, las piernas separadas y los pies firmes en el suelo, son un modo de estar en la vida o encarar dificultades. Hoy me voy a referir a las dificultades interiores. Seguramente en el campo de nuestros días hay minas escondidas. Son trampas, zancadillas, que los otros te ponen quizá porque uno ha hecho méritos o quizá porque el otro sabe y le gusta poner zancadillas.

   Pero uno a sí mismo, también. En el campo interior hemos dejado historias por terminar, heridas por curar, debilidades sin fortalecer o barbechos que nos hacen caer… y ahí están. A veces explotan si no tenemos cuidado de dónde ponemos los pies. Vocación


   Vocación
a saber caminar por las sendas interiores o los mapas exteriores con cuidado de no hacer saltar las minas que andan sembradas. Pero vocación a construir una actitud positiva, firme, de autocuidado frente a las tentaciones que nos pueden hacer perder la salud y la paz interior.

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De la realidad de lo que nos rodea, vienen las llamadas de Dios.
Son unos estupendos intermediarios porque de pronto me comprometen en una necesidad, pero luego me van transformando en lo mejor de mi mismo y, por fin, se van haciendo trasparentes hasta el punto que descubrimos de donde viene la voz que habíamos escuchado.
Las fotos nos acercan a la realidad y de ahí hay un paso a entender que me llaman a algo más que a mirar y observar la realidad.
      Aquí tenéis
FOTOVOC, la llamada que me viene de la fotografía. Cada mes nos encontraremos con una fotografía del mes precedente de algo que ha ocurrido. Quizá acontecimientos sobresalientes, las más de las veces pequeñas cosas apenas percibidas por los que vemos el telediario. Os deseo que encontréis la LLAMADA y os pongáis en camino.